Dame una vocación
La oración la llevó a ver la voluntad de Dios
por la Hermana Helga Leija C.V.I.

La idea de entrar en una comunidad religiosa siempre me atrajo, pero nunca se la comuniqué a nadie. Cuando estaba en la Universidad, conocí a una hermana de la Divina Providencia que me impresionó por su espíritu y por la manera radical en que vivía el evangelio. No podía dejar de admirarla, pero nunca pensé que Dios me llamara a mí. Según yo, Dios sólo llamaba a la gente que estaba bien integrada.
Yo nací en el lado estadounidense de la frontera entre México y Estados Unidos. Crecí en México y fui a la secundaria y universidad en Estados Unidos. Un día, al orar en la capillita de la escuela, lo supe. Deseaba pertenecer completamente a Dios como la hermana que había conocido.
Secretamente empecé a buscar información sobre la vida religiosa. Varios meses más tarde, le pregunté a un sacerdote qué necesitaba para ser hermana.
“Vocación”, me contestó. Yo estaba segura de que no tenía vocación, pero la pedí. Le supliqué a Dios. “Quiero amarte y servirte. Si me das la vocación, seré tuya para siempre”.
Pasaron dos años y yo seguí orando y discerniendo, pidiéndole a Dios que me mostrase lo que quería de mí. Me reunía con mi director espiritual, hacía retiros, enseñaba y dirigía el coro de mi parroquia. Por fin, en el Instituto de Idiomas de Brownsville, Texas, donde yo estaba estudiando italiano, conocí a las Hermanas del Verbo Encarnado y el Santísimo Sacramento de Corpus Christi, Texas.
La monja que me recibió llevaba un hábito blanco y rojo. Creo que notó la cara de susto que puse y me preguntó si alguna vez había pensado en ser hermana. Creo que asentí nerviosamente. Luego llegó otra hermana, que me invitó a ir a su convento a un retiro al día siguiente. Continué visitándolas más y más y me sentí en casa.
A los cuatro años, entré en el postulantado de las Hermanas del Verbo Encarnado. Su misión es adorar a Jesús y hacer a Jesús visible en el mundo.
Ahora soy novicia y espero con ilusión hacer mis primeros votos en 2008.





