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Una llamada que lo puso a pedalear

por Elisabeth Román

Cuando la revolución cubana llevó a Fidel Castro al poder en 1959, Ovidio Ortega Lemús era un ferviente católico que vivía con sus padres en La Habana. Con el régimen comunista también vino la persecución de la iglesia, incluyendo la expulsión del clero de Cuba; las turbas controladas por Castro que atacaban a los feligreses al salir de misa; el cierre de la radio y los programas católicos de televisión; la expropiación de las escuelas religiosas y el saqueo de iglesias.

OrtegaEn estas circunstancias de tensión, Ovidio escuchó la llamada de Dios. Tuvo que mantenerla en secreto porque su único hermano había ascendido a líder del Partido Comunista. Las conversaciones sobre el régimen y la política prevalecían en el hogar de los Ortega Lemús sobre cualquier cosa que tuviera que ver con Dios o con la religión. Al principio de los años 60, en plena persecución de la Iglesia en Cuba, Ovidio se dio cuenta de que si quería seguir su llamada tendría que dejar a su amada familia y país.

Con ayuda de su párroco, empezó calladamente sus preparativos para salir de Cuba, una aventura que por fin lo llevaría a Panamá. Tenía una bicicleta vieja y pedaleaba cada día hasta la parroquia con una pequeña bolsa de papel que contenía la ropa que iba guardando en una maleta que tenía en la parroquia hasta el momento de dejar Cuba.

Sólo compartió sus planes con su madre, que se estaba recuperando de una cirugía de cáncer. “Mi madre me dijo que saliera de Cuba porque era la voluntad de Dios. Mi padre, por otra parte, creía que si habías nacido en Cuba tenías que morir en Cuba”, dice el Padre Ortega. “Por supuesto, yo tenía que mantener mis planes en secreto para que no se enterara mi hermano mayor, que tenía poder para evitar mi salida”.

El P. Ortega salió de Cuba con las bendiciones y oraciones de su mamá. “Mi hermano no se enteró hasta dos semanas después de que me había ido. Me envió una carta insultándome, llamándome mal hijo porque había abandonado a mi madre enferma y diciendo que nunca más quería saber de mí”, dice.

Algunos años después de ordenarse sacerdote, el hermano de Ovidio lo perdonó y quiso visitarlo. El gobierno Cubano denegó su petición porque era miembro del Partido Comunista, así que renunció al partido y esto lo acercó más a su hermano Ovidio.

A través de los años, el P. Ortega, que es ahora párroco de la segunda parroquia más grande de San Juan, Puerto Rico, ha administrado los sacramentos del Bautismo, Comunión y Matrimonio a los hijos y nietos de su hermano.