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Un corazón que ve

La compasión es la clave del ministerio

por Irene Miranda

Imagina que estás en un retiro y en un momento de oración compartes con tus compañeros algo que ha sucedido en tu vida, y por lo cual les solicitas que oren por ti. A la mañana siguiente el director del retiro te informa, ante la presencia de todos, que tienes que largarte porque no eres digno de permanecer entre ellos.AIDS

Si el relato parece insólito, es más increíble aún el hecho de que es verídico. Como ésta, han sido muchas las historias de personas rechazadas por su familia de fe como consecuencia del miedo y la ignorancia, una vez que se enteran de que son positivas al Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) o padecen el Síndrome de Inmunodeficiencia Humana (SIDA)

Por años, hemos ignorado la amenaza que el VIH y el SIDA representan para nuestra comunidad al asumir que sólo los homosexuales y los usuarios de drogas por vía intravenosa pueden padecer la enfermedad. En muchas ocasiones, nuestra primera reacción es juzgar: “Eso le pasa por ser…” Con demasiada frecuencia pensamos que podemos lanzar la primera piedra: “Dios lo (la) castigó con el Sida”.

En 1981 se diagnosticó el primer caso de SIDA en los Estados Unidos. Desde entonces, más de 25 millones de personas han fallecido a consecuencia del síndrome y sobre 40 millones viven con el VIH a través del mundo. En la actualidad, la mayoría de las infecciones ocurre entre mujeres negras y latinas, tras haber sostenido relaciones heterosexuales con una persona infectada. La juventud no se queda atrás: entre 5,000 y 8,000 jóvenes de 15 a 24 años se infectan con el VIH diariamente.

Muchos jóvenes han crecido acostumbrados a oír tanto sobre el VIH y el SIDA, que ya no prestan atención a los mensajes. Como católicos, debemos crear conciencia, aclarar los mitos y recordar a la gente que el VIH y el SIDA tienen consecuencias terribles y dolorosas.

Nuestra iglesia nos presenta un reto que puede salvar vidas: que las personas solteras practiquen la abstinencia y las casadas sean completamente fieles a sus cónyuges. Abstinencia y fidelidad son las únicas maneras efectivas para prevenir la infección con VIH. La iglesia también ha insistido en la misericordia, la compasión y el no juzgar al pueblo de Dios que vive y se encuentra afectado por el VIH y el SIDA. Tomando palabras de Benedicto XVI, “necesitamos un corazón que ve”. Para más información: atlantaaidsministry.org