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This is no place for kids

La Calle No Es Para Niños

Por Maruxa Pita Lissarrague




El ver la misma cosa día tras día llega a crear casi un hábito de indiferencia. Vivo en Filipinas desde 1960 y todos estos años he visto todos los días en las calles de la gran ciudad de Manila (14 millones de habitantes) a niños de diferentes edades pidiendo, vendiendo y vagando por calles y plazas, sin ir a la escuela. En Filipinas hay 11 millones de niños sin escolarizar.

Yo había trabajado durante 18 años en el colegio de la Institución Teresiana, que tenía unas 600 alumnas, se podría decir que más bien de familias acomodadas, y después pasé al Centro Cultural de la Embajada de España en Manila, hasta que me retiré en 1995. Pero nunca me había acostumbrado a ver a todos esos niños en la calle y sentí la llamada a una nueva misión. Con la ayuda de antiguas alumnas de la escuela donde había trabajado y el apoyo de miembros de la Institución, se empezó la Fundación Makabata para proporcionar una educación a esos niños que con demasiada frecuencia pasan desapercibidos.

Educar a niños de la calle, vendedores ambulantes de día y noche, perdidos en las encrucijadas hasta conseguir algo que comer, expuestos al tráfico, a la violencia callejera, a drogas y abusos de todas clases en la calle y en la casa es una tarea fascinante, que abarca no sólo la educación formal, sino la salud, alimentación, higiene, cultura y formación familiar. Y esto es lo que Makabata pretende.
Hoy día tenemos kinder, elemental, y secundaria. La Escuela está reconocida por el ministerio de Educación de Filipinas. En abril de 2009 se celebró la tercera graduación, y podemos decir con satisfacción que casi todos nuestros graduados de secundaria están matriculados en la Universidad.

La escuela no es sólo aulas para estos niños. Siempre comenzamos por visitar a sus familias en sus casas, que frecuentemente son favelas. Se les dan los libros de texto, material escolar, uniformes, zapatos, comida durante la semana y transporte. La escuela tiene un autobús que va recogiendo a los alumnos que viven más lejos. Estamos también en contacto con médicos, dentistas y trabajadores sociales—a menudo nuestros antiguos alumnos del Poveda—que ofrecen gratuitamente sus servicios.

Nunca me acostumbré a ver esos niños en la calle y espero nunca acostumbrarme. La calle, con todos sus conflictos, no es lugar para los hijos de Dios más pequeños. Ya he trabajado y he vivido muchos años, pero no se me ocurriría sentarme a disfrutar mi retiro. No mientras haya niños en las calles de Manila a quienes hasta ahora se les ha negado las oportunidades que tantos otros disfrutan. Makabata me ha brindado la mejor manera de responder a lo que Dios me enseña y me revela. No podría pensar en mejor manera de pasar mis años de retiro.

Tu turno
¿Piensas que un buen objetivo de la vida es cumplir con el trabajo y luego retirarse para descansar y disfrutar? ¿Te parece que Maruxa no debería haberse complicado la vida después de haber trabajado tantos años? 


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