Hablemos de nuestra cultura:
Abril 2009
Costumbres de Semana Santa
Las siete estaciones del Jueves Santo:
Después de la Eucaristía y los servicios de Jueves Santo en todas las iglesias se reserva el Santísimo para
la adoración en un lugar especial. Normalmente, se decora el lugar con muchas flores, velas y otros símbolos eucarísticos y la iglesia se deja abierta para que los fieles puedan adorar al Santísimo en oración comunitaria o privada durante largas horas.
En muchos lugares de España e Hispanoamérica había una tradición muy fuerte de visitar siete de estos llamados “monumentos”. La tradición se está ahora recuperando también en las iglesias de Estados Unidos y muchas parroquias ponen incluso autobuses a disposición de los feligreses para que puedan orar. De esta manera, se escucha la palabra de Jesús que les dijo a sus discípulos: “¿No pueden orar conmigo al menos una hora?”
La visita de siete monumentos es una costumbre popular iniciada por San Felipe Neri en 1559, como recuerdo de cómo Jesús fue llevado de un lado para otro durante toda la noche. En cada estación se medita sobre un pasaje de la Escritura.
1. Jesús en el huerto de Getsemaní (Lc 22:39-46)
Cuando estamos de fiesta nos desvelamos sin que nos cueste mucho. Sin embargo, para orar ya es algo distinto. Nos da sueño, nos cansamos, y enseguida encontramos una buena razón para irnos a dormir. Jesús pregunta, como le preguntó a sus discípulos si no podemos velar un poco con él. Acompañarle en un momento difícil, de duda y de angustia. Conoce a dónde van a llevar los acontecimientos de esta noche y siente temor. Y sus amigos no están disponibles. Podemos entender esto cuando nos sentimos solos y no tenemos a nuestro alrededor a quien nos pueda prestar su oído y su corazón para estar con nosotros. ¿Podemos hacerlo por Jesús hoy?
2. Jesús es atado y llevado a casa de Anás. (Jn 18:19-22)
No nos gusta nada que alguien decida por nosotros lo que tenemos que hacer, decir, o a dónde tenemos que ir. Mucho menos nos gusta que nos “aten”, y nos fuercen. Y, lo que es peor, sentirnos juzgados, criticados y, hasta cierto punto, perseguidos. Y eso que nosotros no vislumbramos una condena física…Vivir con Jesús puede significar, hoy, renunciar a hacer juicios de otras personas. Aliviarle un poco la carga del juicio. Y desatarles las manos a algunos que, a nuestro alrededor, no pueden hacer ciertas cosas porque no se les permite, o porque no tienen la preparación o la educación necesarias.
3. Jesús es llevado ante Caifás. (Mt 26:63-65)
Otro juicio, otra acusación. Es muy difícil muchas veces permanecer callado, aceptar la no-violencia de no defenderse. En algunas ocasiones, esto será lo que haya que hacer, cuando el tratar de defenderse sea un esfuerzo inútil que sólo produzca más negatividad y persecución. Otras veces, habrá que hablar: sobre todo cuando la acusación es contra un inocente.
4. Jesús es llevado ante Poncio Pilato (Jn 18: 35-37)
Jesús siempre resulta sorprendente. Asegura ser un rey, pero está atado, impotente, ante un hombre. Como cristianos, se nos dice que somos reyes. Una enorme dignidad; pero nuestro rey está a merced de los poderes de este mundo. Nuestra manera de reinar, por tanto, no va a ser de dominio o poderío, sino de servicio y sacrificio.
5. Jesús es llevado ante Herodes (Lc 23:8-11)
A Herodes sólo le mueve la curiosidad de ver a Jesús, de quien tanto le habían contado. Pensaba que Jesús iba a realizar algún milagro o magia en su presencia. ¿Qué nos mueve a nosotros a buscar a Jesús? ¿La curiosidad o la fe? ¿La costumbre o la llamada?
6. Jesús es llevado nuevamente ante Pilato (Mt 27:22-26)
Muchas veces los niños tratan de librarse de una responsabilidad acusando a otros. A veces los mayores tratan de librarse de responsabilidades y culpabilidades no implicándose, “lavándose las manos”. En el fondo, sabemos la verdad. Y lo mejor es enfrentarse a ella. No implicarse a veces es tan culpable como hacer el mal. Y todos somos responsables del Jesús que sufre a nuestro alrededor. ¿De qué maneras enfrentamos esta responsabilidad?
7. Jesús es llevado a su Pasión. (Mt 27:27-31)
Parecería un mal final de una historia apasionante. ¿Al final al héroe lo matan? Sólo porque conocemos el final verdadero de la historia, podemos mirar a esta escena sin horror o rechazo. Si todo fuera a terminar así, la vida de Jesús podría haber sido un fracaso. Pero él sabe que ésta es la culminación de su misión, la consecuencia de haber sido fiel. ¿Qué consecuencias vemos que puede tener nuestra fidelidad a Dios? ¿Estamos dispuestos a afrontarlas? ¿Qué esperanza nos mueve?
Procesiones
Las procesiones con figuras del misterio de la salvación, son costumbres muy arraigadas en nuestros pueblos, con las Cofradías llevando las andas con las figuras por las calles del pueblo, y acompañados por cantos y oraciones. Son una gran manifestación de religiosidad popular y, por su carácter tan público, pueden ser una gran ocasión para la evangelización.
Vía Crucis Viviente:
El Via Crucis viviente, que se celebra en muchas
ciudades y en parroquias. Ayuda a la participación de los jóvenes y a la vivencia de los misterios y también es buena ocasión para reflexionar sobre temas de justicia, si pasa por lugares públicos como las Cortes, el Departamento de Inmigración, o una cárcel. En muchas ocasiones el Via Crucis ha sido momento de conversión para muchos que quizá pasaran por la calle en ese momento, indiferentes a la celebración, pero misteriosamente atraídos y llamados por Dios de manera especial.
La procesión del entierro:
Es una procesión en silencio total con la imagen de Cristo yacente, que termina en el templo con cantos, oraciones, y presentación de flores al cuerpo de Jesús. A esta procesión le sigue el Rosario del Pésame:
Rosario del Pésame
En nuestros países es una costumbre muy arraigada acudir a las casas donde ha habido un fallecimiento y dar el pésame a los familiares. Mucha gente lleva comida para facilitar la vida de la familia en los días siguientes a la muerte de un ser querido. La cortesía no debería faltarle tampoco a la Virgen en la muerte de su Hijo y por tanto, el día de Viernes Santo es una costumbre muy común ir al templo después de los servicios y de la procesión del silencio y dar el pésame a la Virgen rezando un Rosario especial.
Se podría estructurar así:
- Canto
- Lectura bíblica
- Reflexión
- Oración personal
- Rezo del misterio doloroso
Introducción
Venimos a acompañar a María en su dolor. Toda la vida está llena de alegrías y dolores. Hoy recordamos nuestros propios dolores, se los ofrecemos a María y acogemos su dolor también para acompañarla en su pena. De María aprendemos fortaleza para nuestras propias dificultades y sufrimientos.
Primer Misterio. Encuentro con Simeón (Lucas 2:22-35)
Toda madre sufre gran preocupación por sus hijos y su futuro. ¿Qué será de ellos, por qué caminos irán, quién los hará sufrir, cuál será su contribución al bien de la humanidad? Las madres sufren cuando sus hijos quizá encuentren el rechazo en la escuela o les sea difícil aprender, o cuando se enfrentan a un primer fracaso o una primera desilusión, o cuando están enfermos. Y, sobre todo, cuando toman decisiones que parecen ir en contra de los valores religiosos, culturales y familiares que les hemos querido inculcar.
Simeón pronosticó a María un gran dolor, como una espada. Tradicionalmente, pensamos en siete dolores que tuvo que sufrir María en su incertidumbre sobre el futuro y la misión de su hijo; en el aceptar el misterio de lo que podría sucederle por ser el enviado de Dios. María también debió vivir un gran dolor al sentir la responsabilidad enorme que tenía encima.
Para la reflexión
¿Qué preocupaciones sobre nuestros hijos tenemos en este momento? ¿Cómo lidiamos con ellas? ¿Cómo conversamos con nuestros hijos? ¿Los conocemos bien, con sus preocupaciones, sueños y dificultades? ¿Cómo los apoyamos? Conversemos con María y presentémosle nuestros dolores y preocupaciones sobre nuestros hijos. Acompañémosla en su dolor y dejemos que ella nos acompañe en los nuestros.
Segundo misterio. La pérdida del niño en Jerusalén. (Lucas 2:41-52)
Como cualquier madre, María le reclama a Jesús por su aparente indisciplina. Pero luego comprende, o
más bien acepta, la misión de Jesús. Respeta eso.
A muchos padres les resulta difícil respetar las decisiones y gustos de sus hijos. Llega un momento en que los niños no hacen las cosas que se les habían enseñado. Ya no se ponen la ropa que deciden sus mamás por ellos, ni andan tan pegados a sus padres.
Una vez salía en televisión una mamá que decía que había criado a su hija para una vida de comodidades y que no aceptaría que se casara con alguien que no pudiera proporcionárselas. El problema es que la hija ya se había enamorado de un muchacho mucho más humilde. La mamá no podía aceptar eso. En otros casos, vemos cómo algunos padres deciden la carrera que van a estudiar sus hijos, o a qué se van a dedicar, sin escuchar la opinión de éstos.
María no comprende, pero respeta y guarda todas las cosas en su corazón. Lo que sí había entendido es que Jesús era el hijo de su entraña, pero que no le pertenecía a ella, sino a Dios Padre.
Para la reflexión
¿Para qué cosa están mis hijos mejor capacitados? ¿Intento imponerles mis sueños, o escucho a sus propios deseos y sueños para el futuro? ¿Les digo alguna vez que algo que quieren alcanzar para su vida es imposible? Conversemos con María y presentémosle nuestros sueños para nuestros hijos. Pidámosle a Ella que nos ayude a ser sensibles a los sueños e inclinaciones de nuestros hijos y a entregárselos a Dios sabiendo que no nos pertenecen.
Tercer misterio. Jesús sale de su casa para ejercer su ministerio. (Marcos 3:31-35)
No nos cuenta el evangelio cuándo se marchó Jesús definitivamente de su casa. Pero ése tuvo que ser un momento doloroso para María, como para cualquier madre cuando se van los hijos: a la universidad, a otro país, al seminario o al convento, o a comenzar su propia familia.
Jesús se va a cumplir su misión. No es que rechace a su familia, sino que se da cuenta, como todos lo hacemos en algún momento, de que ha llegado el tiempo de dejar el hogar para cumplir una misión. María acepta esta voluntad de su hijo, que es voluntad de Dios, aunque le sea difícil.
Para la reflexión
¿Conocemos y aceptamos la vocación de nuestros hijos? ¿Los ayudamos a encontrar su camino, aunque eso los separe de nosotros? ¿Respetaríamos su decisión de seguir su vocación al sacerdocio o a la vida religiosa? ¿Les damos a nuestros hijos la suficiente libertad como para seguir su propio camino en la vida? ¿Les ofrecemos al mismo tiempo ayuda, guía y consejo para hacerlo?
Cuarto misterio. La Pasión de Jesús (Juan 19:25-27)
En un momento de un intensísimo sufrimiento al ver a su hijo morir de aquella manera tan horrible, María recibe el encargo de cuidar de Juan, que desde ahora será su hijo. Juan, a su vez, recibe el encargo de cuidar de su madre, María.
Desde ahora, María tendrá que estar atenta a su hijo en las necesidades y sufrimientos de todos los demás hijos. Como cristianos, a nosotros también se nos pide atención a los sufrimientos de Jesús, que son los sufrimientos de todas las personas de nuestro alrededor. Y se nos pide, como a María, que incluso en medio de nuestro dolor, seamos capaces de mirar a nuestro alrededor y comprometernos a aliviar el dolor de otros. Es fácil y casi justificable encerrarse en uno mismo cuando hay una pena o sufrimiento muy grandes. A María, en cambio, se le pide que se ocupe de otros. A nosotros también.
Para la reflexión
¿En qué momentos de gran sufrimiento he sentido que se me ha pedido que me ocupara de otras personas? ¿Me ayudó eso a salir de mi propio problema, a superarlo o a vivirlo de otra manera? ¿Quiénes están sufriendo a nuestro lado? ¿Cuáles son los más pobres, los inocentes, la gente más oprimida o rechazada o discriminada? ¿Qué acciones se pueden emprender para acompañar a esas personas en su pasión? Conversemos con María y hablémosle de las “pasiones dolorosas” que tenemos en nuestra vida. Los grandes o pequeños sufrimientos diarios: en la familia, en nuestro trabajo, en el barrio o en la comunidad. Hablémosle de lo que nos causa más dolor. Pidámosle que nos ayude a tener un corazón atento para, como Ella al pie de la cruz, acompañar a Jesús en todos los sufrimientos de nuestro mundo.
Quinto misterio. María se queda sola (Juan 19:31-42)
María recibe en sus brazos los restos destrozados de su Hijo y en ellos está acumulado todo el dolor de las madres que pasan por el sufrimiento de ver morir a sus hijos. El sufrimiento es aún más atroz cuando los jóvenes mueren víctimas de la violencia sin sentido de las pandillas, las drogas o el alcohol. Muchos de esos jóvenes mueren porque entran en grupos peligrosos que, paradójicamente, les dan sentido de identidad y de comunidad que a menudo no encuentran en sus casas o comunidades. En nuestros barrios y parroquias hay muchas mujeres que sufren por las muertes de jóvenes que podrían tener todo un futuro por delante. María comprende el dolor de todas estas mujeres y también las acompaña en sus esfuerzos por cambiar las cosas.
Para la reflexión
¿A qué problemas se enfrentan los jóvenes de mi barrio? ¿Existe algún modo de combatir esos problemas? ¿Promueve mi parroquia o comunidad alguna acción en ese sentido? ¿Cuál creo que es el mejor regalo que les puedo ofrecer a mis hijos para prevenir su entrada en pandillas? ¿De qué modo puedo acompañar a las mujeres de mi comunidad que sufren por sus hijos?
Conversemos con María y acompañémosla en su dolor por la muerte de su hijo. Hablémosle también de algunos de los jóvenes que han muerto en nuestras comunidades en este año y de las mujeres que han quedado con ese dolor. Pidámosle ayuda, sabiduría y valentía para acompañar a esas madres de una manera creativa, haciendo todo lo que podamos para prevenir la violencia de todo tipo en nuestras propias familias y comunidades.
Cascarón
En muchos países es costumbre en Pascua decorar huevos artísticamente. Son famosos los huevos de
Pascua de Europa Oriental, con dibujos intricados representando pájaros, flores, o figuras geométricas. En México es popular el cascarón, que es la cáscara de un huevo, pintado de algún color, y abierto por arriba un poco, simplemente tapado por un poco de tissue. El día de Pascua, la gente rompe los cascarones sobre las cabezas de sus amigos y familiares, diciendo: ¡Cristo ha resucitado! Del cascarón sale una lluvia de confeti de colores.
Lo que quizás mucha gente no recuerde es el significado de esta graciosa costumbre. El cascarón representa la tumba vacía de Cristo, solamente llena del color y alegría de una nueva vida, que representa el confeti multicolor.
En la catedral de San Antonio, en alguna celebración de la Vigilia pascual se ha hecho un “gran cascarón”, tapando la parte de atrás del templo con una gran cortina negra. En el momento del “Gloria” de la misa, se abre la cortina y aparece una multitud de niños que pasan por el templo arrojando flores sobre la congregación. Es un precioso símbolo de la vida nueva que nos viene por Cristo. Un “bautizo” de flores y de color representa el Bautismo en que surgimos de la tumba “el huevo vacío” y nos llenamos de vida nueva.
Vigilia Pascual
La Vigilia Pascual es la más rica de todas las celebraciones litúrgicas de la Iglesia. Celebra el misterio
central de nuestra salvación como Pueblo de Dios. Recuerda la liberación del pecado, la muerte y la oscuridad que se nos regala en la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Es el momento de recepción en la Iglesia de los catecúmenos. Toda la celebración está llena de simbolismo, de referencias al Antiguo Testamento y las alianzas de Dios con su pueblo.
Para los hispanos a veces resulta más importante celebrar el Viernes Santo, con el Vía Crucis, el Pésame de la Virgen y las procesiones. Parece como que el pueblo se identifica más con la experiencia de dolor. Pero es importante poner énfasis en la celebración pascual porque, sin ella, el misterio de la redención y la salvación quedaría incompleto. Como dice san Pablo: si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe. Y no habría motivos para la esperanza.
Los elementos de la celebración:
• Fuego nuevo, representando nueva vida y el Espíritu
• Luz, que rompe la tiniebla de la muerte y de la tumba
• Agua: el Bautismo de salvación que alcanza Cristo con su muerte
• El cirio Pascual, con los granos de incienso: Cristo ayer, hoy y siempre
• Las lecturas que van pasando y haciendo resumen de toda la historia de la salvación
• El cántico de la Angelica, recordando la historia de salvación
• El canto del Gloria, por primera vez después de todo el tiempo Cuaresmal
• Las letanías de los santos, invocando a los que nos han precedido como amigos fuertes de Dios
• La renovación de las promesas del Bautismo como afirmación de fe y de seguimiento de Cristo
• La recepción de catecúmenos en la Iglesia
Marzo 2009
Via Crucis
Primera Estación
Jesús es condenado a muerte.
¿Has sentido alguna vez que te juzgaban por tus acciones, o que tus padres y compañeros no te comprendían? ¿Había alguna razón por su parte? ¿Quisiste defenderte? ¿Sentiste resentimiento? ¿Piensas que alguna vez has podido juzgar a otros con demasiada dureza?
Jesús es inocente de todo mal. Es juzgado, precisamente por hacer el bien. Pero continúa perdonando y sigue fiel a su misión. No va a volverse atrás.
Señor Jesús, perdóname cuando juzgo a los demás sin conocer todas sus motivaciones. Dame fortaleza y generosidad para perdonar cuando siento el juicio de los demás sobre mí.
Segunda Estación
Jesús carga con su cruz.
Hay momentos en la vida que nos pueden resultar muy difíciles. Con gusto nos escaparíamos de ellos. A veces no podemos. Tenemos, entonces, una opción: aceptar la vida, luchar contra lo que se puede cambiar, y vivir con fortaleza y esperanza trabajando por el bien de los demás, o vivir con resentimiento y amargura que es, en realidad, un sin vivir.
Jesús nos dijo que quien pierda su vida por el reino, la ganará.
Señor Jesús, enséñame a tener fortaleza para seguir luchando, a pesar
de todas las dificultades, por el bien de los demás, para que triunfe
tu vida en todos.
Tercera Estación
Jesús cae por primera vez.
No siempre somos tan fuertes como nos gustaría ser, o como a veces nos creemos que somos. Cuando caemos, podemos sentir nuestro orgullo destrozado por la humillación o la vergüenza. Pero también podemos levantarnos, reconocer lo que nos hizo caer, apoyarnos en Dios más que en nuestras propias fuerzas, y seguir adelante.
Jesús le dijo a la mujer pecadora: “Vete y no peques más”.
Señor Jesús, a veces he caído porque pensaba que era yo solo quien podía hacer el bien. Me fiaba demasiado de mis propias fuerzas. Tú me invitas a levantarme de nuevo y a seguir caminando. Gracias, Señor.
Cuarta Estación
Jesús se encuentra con su madre.
Para una mamá, el sufrimiento de un hijo es más fuerte que todo dolor propio. Nuestros dolores y dificultades le duelen a nuestra mamá más que a nosotros mismos. Jesús no podía ahorrarle el dolor a su madre, porque tenía que ser fiel a su misión. Pero, ¿cuántas veces nosotros no podríamos ahorrarle un dolor o una preocupación a nuestras mamás?
Cuenta el evangelio que el anciano Simeón le anunció a María que una espada de dolor le traspasaría el corazón. Pero ella siguió adelante.
Señor Jesús, enséñanos a acompañar a nuestras madres en sus dolores y dificultades y a tratar de consolarlas. Pero haznos también fieles a nuestra misión y a tus llamadas.
Quinta Estación.
Cirineo ayuda a Jesús.
Los amigos están para ayudarse. Y los problemas y dificultades son más llevaderos cuando nos podemos apoyar en un amigo. Pero, ¿cuántos estamos dispuestos, como Cirineo, a ayudar a un desconocido? ¿Podremos reconocer a Jesús en ese desconocido?
Simón de Cirene parece que era un hombre que pasaba por ahí de regreso de su trabajo. Se vio forzado a ayudar a Jesús a llevar la cruz. Quizá en ese trabajo casi involuntario, encontraría la gracia y el amor de Jesús.
Señor Jesús, gracias por los cirineos en mi vida que me ayudan a sobrellevar mis dificultades y dolores. Enséñame a reconocerte en quienes, cerca de mí, van doblados por el peso de los dolores y las dificultades en la vida. Dame la gracia de saber ayudar y hacerlo con generosidad y alegría.
Sexta Estación.
Verónica limpia el rostro de Jesús.
Verónica alivia un poco el sufrimiento de Jesús, limpiándole el rostro, que debía estar sucio de barro, sudor y sangre. ¿Qué sufrimientos de nuestro alrededor podríamos nosotros aliviar con gestos bien sencillos? ¿Qué gestos serían esos?
Jesús dijo que quien diera siquiera un vaso de agua a uno de los más pequeños y más pobres, a él se le daba.
Señor Jesús, enséñame a verte en los más humildes y sencillos. Que cuando haga algo, por pequeño que sea, por alguien, te pueda reconocer a ti.
Séptima Estación
Jesús cae por segunda vez.
Bueno está caer una vez pero, ¿la segunda? A veces tropezamos dos o tres veces en la misma piedra. ¿Qué hacer? Podemos sentirnos frustrados y abandonar lo que estábamos haciendo. ¿Qué te parece más heroico: abandonar, o levantarse de nuevo y seguir adelante? ¿En qué sueles tropezar más? ¿Cuáles son tus tentaciones?
Jesús dijo que a la mujer se le había perdonado mucho, y por eso amaba mucho. ¿Cuántas veces hay que perdonar?, le preguntaron sus amigos…Setenta veces siete, es decir, casi incontables veces.
Señor Jesús, enséñame humildad y paciencia para reconocer cuando me equivoco y hago algo mal y comenzar de nuevo.
Octava Estación
Jesús consuela a las mujeres
A veces el dolor de los demás no nos conmueve demasiado. O podemos, incluso, echarle la culpa a los demás de sus propios problemas. A veces encontramos, sin embargo, una persona que, quizá incluso desde una situación más difícil que la nuestra, nos echa una mano y nos consuela. ¿Cómo puedes consolar tú a alguien que está cerca?
Para Jesús, su propio sufrimiento no fue excusa para no mirar al sufrimiento de otros. Consoló a las mujeres incluso cuando él mismo estaba sufriendo mucho más.
Señor Jesús, dame un corazón sensible para mirar a mi alrededor, dejar a un lado incluso mi propio sufrimiento, y ofrecer una mano amiga y un oído atento a los sufrimientos de los demás.
Novena Estación
Jesús cae por tercera vez.
Una vez más, Jesús cae bajo el peso de su cruz. Podemos nosotros seguir nuestro camino indiferentes o ayudar a una persona caída—quizá un amigo o un familiar, a ponerse en pie de nuevo. A veces se nos hace que si ya es repetidamente que necesitan ayuda, como que se han merecido su problema. Pero, ¿y nosotros? ¿Acaso no esperamos una y otra vez, una nueva oportunidad?
Jesús vino a fortalecer a los débiles, a sostener a los que caen, a sanar a los enfermos. No necesitan médico los sanos, dijo…
Señor Jesús, dame un corazón compasivo y generoso para perdonar una y otra vez, sabiendo que yo también soy perdonado una y otra y otra vez.
Décima Estación
Jesús es despojado de sus vestiduras.
A veces llevamos máscaras. Quizá haya algo que no queramos que nadie, nadie, sepa jamás sobre nosotros. ¿Cómo nos enfrentamos a nuestra propia verdad? ¿Podremos quitarnos la máscara y ser nosotros mismos?
A veces nos sentimos avergonzados por las palabras o actitudes de los demás sobre nosotros. ¿Cómo respetamos nosotros la dignidad de otros? ¿Avergonzamos a otros riéndonos, insultando de alguna manera?
Jesús les dijo a sus amigos que sus palabras fueran verdaderas: que el sí fuera sí y el no, no. Jesús dijo que él mismo era la Verdad.
Señor Jesús, dame verdad y luz para reconocerme tal como soy y para reconocer en los demás la imagen de Dios, de manera que siempre respete la dignidad de otros, como deseo ser respetado en mi propia dignidad.
Undécima Estación
Jesús es clavado en la cruz.
¿Será posible que alguien haya llegado al extremo de amarme tanto de estar dispuesto a dar la vida por mí? ¿Por qué? ¿Hay algo o alguien por quien yo estaría dispuesto a dar la vida?
Jesús dijo: No hay mayor amor que el dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos.
Señor Jesús, dame un oído atento a tus llamadas. Que te responda con generosidad, dando todo lo que tengo y soy, ya que tú, por amor a mí, entregaste tu propio Cuerpo y Sangre.
Duodécima Estación
Jesús muere en la cruz.
Jesús da hasta su último suspiro por nosotros.
No se queda con nada. ¿Qué trato yo a veces de guardarme, de reservarme, de no entregar, aunque sepa que sería para el bien de otros?
Jesús alabó a la viuda que entregó incluso lo que le hacía falta. Y se lo multiplicó. Jesús se vacío totalmente y no se aferró a su condición divina. Y Dios le dio el nombre sobre todo nombre.
Señor Jesús, enséñame y dame fuerza para seguirte hasta el final, sabiendo y confiando en que Dios dará vida abundante y que tu vida y tu amor triunfará sobre todo mal y toda muerte.
Décimotercera Estación
Jesús es descendido de la cruz y colocado en brazos de María.
¿Tendré yo el valor y la generosidad de ayudar a María a sostener a tantos hijos suyos, compañeros nuestros, que están en peligro o se ven esclavizados por las drogas, las pandillas, los caminos equivocados? ¿Cómo me puedo poner al servicio de Cristo para que su muerte tenga un valor de redención y liberación para estos jóvenes?
Jesús dijo a sus amigos que vino a dar vida abundante.
Señor Jesús, sé que, aunque a veces no me lo parezca, los actos de servicio y sacrificio por los demás siempre dan frutos de vida, porque se apoyan en tu propia entrega. Ayúdame a verte siempre en cada acto de servicio que hago por los demás.
Décimocuarta Estación
Jesús es sepultado.
A veces hay que sepultar viejos rencores, malas sangres, resentimientos. A veces, tenemos que sepultar nuestras malas costumbres y vicios. En este caso, como en nuestro Bautismo, cuando nos “sepultamos con Cristo”—enterramos nuestras malas costumbres, adicciones y pecados—sabemos que resucitaremos a una nueva vida con Cristo. ¿Qué quiero sepultar hoy?
Cristo anunció que destruirían el templo de su Cuerpo, pero que Dios lo resucitaría en el tercer día.
Señor Jesús, ayúdame a enterrar todo lo que en mí es muerte, para tener una nueva vida contigo.
Febrero 2009
Miércoles de Ceniza
Muchísima gente acude hoy a la iglesia a recibir este signo de penitencia, incluso si durante su vida habitual no acuden a liturgias ni otros acontecimientos eclesiales. Dicen muchos pastoralistas, este hecho puede reflejar la realidad religiosa de muchos: mientras que quisieran estar cerca de Dios, por su situación matrimonial, o de falta de papeles o de sacramentos de iniciación, no sienten que pueden acceder a los sacramentos. Sin embargo, la ceniza es gratis y no requiere ninguna condición previa. No es obligatoria, y sin embargo, se hace muy necesaria. Refleja el deseo de regresar a Dios, la necesidad de conexión con lo religioso, y de una manera muy simbólica, pero muy profunda, el arraigo y conexión con la madre tierra. Es una manera de regresar a las raíces, de ir a lo fundamental en la vida, de sentirse conectado con lo que es más verdadero en nuestras vidas. De la tierra venimos, a la tierra regresamos.
Quizá todo esto no sea totalmente consciente, pero sí expresa lo que está en lo más profundo del ser humano: el anhelo de verdad y de autenticidad en la vida; el deseo de ser aceptados sin condiciones; la necesidad de estar arraigados en algo permanente y real.




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