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Sin educación no hay futuro

Educarse es una obligación de fe

por Carmen Aguinaco

El titular salta a la vista desde una página de la revista Hispanic: “Un tercio de nuestros estudiantes de secundaria (de todo el país y de todos los grupos étnicos) abandona la escuela antes de graduarse”.

EducationLas estadísticas están tomadas del Nation´s Report Card y no pueden ser más escalofriantes: un 27% de nuestros jóvenes no tienen las capacidades básicas de lectura y comprensión mientras que un 39% no posee capacidades básicas en matemáticas. Lo que se dice de todo el país se agudiza incluso más cuando se refiere a la población hispana, que tiene la tasa de abandono escolar (47%) más alta y los logros académicos  (a pesar de todos los esfuerzos y campañas realizadas última-mente) más bajos.

Cuando se considera que la población hispana tiene una edad media de 18 años, (es decir, que es mucho más joven que el resto del país), la conclusión es bastante evidente: el futuro de este país está en manos de la población hispana.

Y,  ¿qué tipo de nación puede producir una población así? Una población con un nivel de educación bajo lleva lógicamente a niveles de productividad nacional más bajos, a menor profesionalidad, a trabajos peor remunerados y a unos servicios públicos precariamente atendidos. ¿Qué cuerpo de maestros, doctores, abogados y científicos se puede esperar? 

A todo esto se añade el desafío enorme de las nuevas tecnologías. Los trabajos cambian continuamente a medida que las tecnologías avanzan. En las escuelas tiene que haber una constante renovación si no se quiere preparar a personas para trabajos que se van a desfasar rápidamente. La educación actual requiere constante actualización.

El año pasado, en el Encuentro de Pastoral Juvenil, se dijo fuerte, claro y alto: no hay excusa ninguna para no perseguir una educación superior. Esto se dijo en un contexto de iglesia. Lo que allí se dijo es que en este momento de la iglesia hispana en Estados Unidos, el estudio es una obliga-ción moral del cristiano. No se puede servir a la comunidad, no se puede hacer una nación grande, no se puede liderar, sin prepararse seriamente. Se diría que en este mundo nuestro, no se puede decir que se es cristiano y a la vez negarse a estudiar.

A la comunidad hispana la ha herido la discriminación y la falta de oportunidad, es cierto. Pero en cierto modo, también ella misma se ha negado los caminos ne-cesarios, al no luchar por sus derechos y al conformarse con que sus hijos acudan a escuelas mayoritariamente hispanas, con todos los problemas que trae la segre-gación.

Es cierto además, que en muchos casos ha faltado la motivación, sobre todo en la educación de la mujer. Muchos padres han considerado en el pasado que las mujeres estaban destinadas al hogar y no necesitaban saber demasiado. El mundo actual desmiente eso y da muestras de la injusticia—además de la ruina social y económica—que es negarles la posibilidad del estudio a las mujeres.

Se podría aducir que la situación económica—particularmente de los inmigrantes indocumentados—no ayuda ni permite acceder a estudios universitarios. Que las situaciones familiares de muchos estudiantes precisan que los jóvenes em-piecen a trabajar cuanto antes. Pero, ¿hasta dónde se podría llegar?

También existen ciertos mitos sobre la falta de oportunidades. El DREAM Act, por el que se ha luchado y se sigue trabajando desde muchas comunidades católicas podría ser una realidad si se consiguiera al fin una reforma justa de las leyes de inmigración. Desde el Departamento de Educación de los Estados Unidos se ofrecen sugeren-cias y recursos de ayuda.

Entra en yosipuedo.gov o en la página de Hispanic College Fund, Inc. Existen becas, ayudas y recursos. Exigen, eso sí, un esfuerzo por salir adelante.                       

No hay excusa, siguen diciendo alto y claro los líderes religiosos y civiles de la comunidad hispana. ¿Cuál es la tuya? Hay un dicho que dice que si piensas que la educación es cara, puedes hacer la prueba con la ignorancia. A la larga, resulta carísima, personal y socialmente.