Adelantar pagos
Voluntarios trabajan en educación
Hay gente que, cuando llega el final del día, no regresa a casa para tirar los zapatos al alto, agarrar un refresco y sentarse frente al televisor. Son gente como por ejemplo Silvia, doctora en química, que trabaja en el Illinois Institute of Technology en investigación de alérgenos, Bryan y Joel, que son editores, Sonia, que es madre de cuatro niños pequeños, o Rosemarie, que es doctora en educación y ahora retirada. Estas personas terminan sus tareas profesionales y se van a una escuela de adultos de un barrio de inmigrantes hispanos cercano a Chicago. Dan clase de alfabetización básica, inglés y GED para adultos. Nadie les paga por ello. En dinero, claro está. En cariño, generosidad, vida abundante, humor, y sentido comunitario, millones y millones.
Estas personas y varios más con ellos, trabajan en un proyecto de educación que dirige la Institución Teresiana, una asociación de laicos comprometidos con la promoción humana por medio de la educación y la cultura. El proyecto surgió cuando algunos maestros bilingües amigos de esta asociación se dieron cuenta de que algunos de sus alumnos no hacían la tarea porque sus padres no podían ayudarlos. “Para que nuestra misión sea verdaderamente eficaz, tenemos que ir más allá de nuestra clase. Hay que atender a los adultos”, dijeron. Se dieron cuenta de que mucha gente no ha tenido la oportunidad de asistir a la escuela y que ahora, inmigrantes en este país, necesitan urgentemente una educación para poder alcanzar ese futuro mejor que querían ofrecerle a sus familias.
La idea encajaba perfectamente con la misión de la asociación y pronto encontró alojamiento en Santa Francisca de Roma, una parroquia en un barrio que tiene un porcentaje de población hispana de casi 90%. Lo que comenzó en 2004 como proyecto de alfabetización, creció hasta ofrecer en la actualidad además clases de GED y ESL (Inglés como segunda lengua). De los poco más de 15 alumnos del primer año se ha pasado a unos 100. No hay maestros pagados y todas las clases son gratuitas.
Silvia—como los demás—podría tener una vida más cómoda y más segura. Podría tener bastante más dinero del que tiene. “Pero Dios se ha empeñado en que siga sirviendo a su pueblo. Y cuando Dios se empeña en algo… Por otro lado, así como me encanta mi trabajo y le veo un sentido de servicio a la humanidad, este contacto directo con la gente me da vida y razones para seguir adelante”.
Tu turno
¿Cómo te imaginas una vida feliz? ¿Qué te da energía y ánimo?
- Login to post comments
- Email this page
- In English





