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Preguntas sobre las vocaciones

¿Cómo puedo saber a dónde me llama Dios?

Hay que preparar el terreno, primero:

1.    No dejes que la vida te pase por encima sin reflexionar sobre ella. Hay mucho ruido a nuestro alrededor, y parece que lo necesitamos, porque cuando no es el MP3, es la tele, el internet, los videojuegos…¿Te atreves a hacer un poco de silencio?
2.    Piensa en lo que está pasando en tu vida. No en cómo las cosas deberían haber pasado, ni en cómo te hubiera gustado reaccionar, sino en cómo ocurrió de verdad. ¿Aprendiste algo de eso?
3.    Lleva un diario. El expresar tus sentimientos te ayudará a clarificar.
4.    Reza un poco todos los días. El discernimiento en realidad, es escucha.
5.    Reconoce tus puntos fuertes y tus limitaciones. Te puede ayudar hacer una lista de tus valores y de tus puntos más débiles.
6.    Entra en contacto con lo que de verdad quieres.

Proceso de discernimiento:

El discernimiento es un proceso de descubrimiento de la dirección de Dios y una guía en la realidad concreta de nuestras vidas diarias.
1.    Infórmate sobre cada de las opciones ante ti. Por ejemplo, sobre lo que es el matrimonio, la vida soltera, la vida religiosa o el sacerdocio. ¿Qué cosas buenas hay en cada camino? ¿A qué tendrías que renunciar en cada una de ellas?
2.    Toma la opción por la que crees que te inclinas más y haz la lista de razones para escogerla y razones en contra.
3.    Considera tus opciones en la oración. San Ignacio observaba que el Espíritu de Dios actúa para dar valor y alegría y paz interior a la persona que trata de responder generosamente al amor de Dios. El espíritu del mal, por otra parte, mete desánimo, ansiedad y temor. Si la opción ante ti evoca un sentido de paz, quizá es que Dios la esté afirmando. Si te deja preocupado quizá es que Dios te está dirigiendo por otro lado. ¿Dónde sientes paz, alegría, inspiración y esperanza?
El discernimiento vocacional es la convergencia de muchos factores: la persona que eres, tus deseos más profundos, lo que has aprendido sobre las opciones a las que te sientes llamado, y las respuestas afectivas que los acompañan.

Examen de conciencia:

Es un método para reflexionar de manera orante sobre tu vida en este día. Reserva un espacio silencioso y dale unos 15 minutos a reflexionar sobre estas preguntas.
•    Empieza por pedir la guía del Espíritu Santo para reflexionar sinceramente sobre tu día.
    Recuerda los dones y bendiciones del día, por lo que estás agradecido.
    Reflexiona cómo Dios ha estado presente en los acontecimientos, experiencias,  encuentros y emociones del día. ¿Cómo encontraste a Jesús en la gente y los acontecimientos del día? ¿Cómo te llamó Dios a responder a estos encuentros?
    ¿Cómo respondiste a las oportunidades y llamadas de Dios en este día? ¿Cómo respondiste a las personas que Dios puso en tu camino en este día?
    Dile a Dios que te arrepientes de los momentos en que no respondiste a estas llamadas y oportunidades.
    Reflexiona sobre de qué modo particular Dios te está llamando a crecer en este momento.
•    Pide la gracia de encontrar a Jesús en tus experiencias y encuentros, de escuchar las llamadas de Dios mañana y de responder a ellas.

 

¿Qué es una vocación?

Cuando estás enamorado de alguien, o te gusta alguien, ¿no andas siempre buscando a esa persona, deseoso de estar cerca? Pues así pasa con Dios. Como nos ama, siempre quiere que estemos cerca. Y nos llama por nuestro nombre, como si no tuviera otra cosa que hacer.

Muchas veces decimos que “hay falta de vocaciones”, pero en realidad lo que queremos decir es que hay falta de vocaciones al sacerdocio o la vida religiosa. Falta de vocaciones no puede haber porque hay tantas vocaciones como bautizados. Dios llama a cada uno a su propio estilo de vida, en seguimiento de la persona viva que es Jesús. La palabra vocación viene del latín “vocare” que significa llamar. Y Dios siempre llama. Según un importante teólogo de la Iglesia, Suárez, la vocación es una llamada a un estilo de vida estable que está dirigida a mantener la gracia en este mundo y alcanzar la gloria.


Entonces, ¿es el matrimonio una vocación?
¡Por supuesto que lo es! Según esa definición, como el matrimonio es una manera estable de vivir y es un sacramento, que concede gracia, parece que el matrimonio es ciertamente una vocación. Dios llama a los esposos a vivir su amor y a construir su pequeña iglesia doméstica desde la vida diaria familiar. Como cualquier otra, la vocación matrimonial no es fácil. Según el P. Rainieri, este “estado impone grandes obligaciones, pruebas duras, y muchas dificultades.”

El matrimonio no es una boda linda, sino un compromiso muy serio. Cuando se dicen las palabras: en tiempos malos y en tiempos buenos, en la salud y en la enfermedad, en ese momento de enorme felicidad de la boda quizá se llegue a pensar que esos tiempos no van a venir nunca. La verdad es que no hay vida humana que no esté llena de dificultades. Y la convivencia nunca es fácil. Hay que amarse mucho para tolerar las manías, costumbres que nos resultan raras porque nuestra familia era distinta, y personalidad diferente. Hay que amarse mucho para resistir en los momentos difíciles, dialogar y continuar realizando el sacramento (signo de gracia que realiza lo que significa) día a día.

No se entra en un matrimonio porque sea lo que hace todo el mundo y porque “no se tenga vocación”, sino precisamente porque se tiene. Se escucha esa llamada a realizar la misión de Dios en ese ambiente principal e importantísimo que es el núcleo familiar.

La llamada al matrimonio no es solamente una inclinación romántica hacia otra persona, ni el deseo—aunque es muy noble—de tener hijos. La llamada al matrimonio es la aceptación de la responsabilidad de crear, junto con Dios, un mundo mejor a través de la construcción de lazos de amor indestructibles y de la educación y crianza de los hijos—seres humanos que a su vez acepten la llamada a cambiar el mundo.

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